The Most Beautiful (And Uncomfortable) Shoes I Have Ever Bought

Ilustración por Paulina Chávez Menéndez-ATUENDO29
Ilustración por Paulina Chávez Menéndez-ATUENDO29

A DAY IN THE LIFE

por Paulina Chávez Menéndez

Era una mañana cualquiera en el fin de semana, con nada especial por hacer y mucho tiempo de sobra. ¿Qué debería hacer? Ir al centro comercial a pasar un tiempo de calidad. Buscando nada en particular, me detuve en la sección de zapatos de una tienda departamental. Un zapato tras el otro, y no encontraba nada que realmente me gustara, hasta que ahí estaban: los más hermosos zapatos que había visto en un largo tiempo. Por supuesto, me los tuve que probar.

Cuando me probaba estos increíbles zapatos, noté que no me quedaban tan bien. Le pregunté a la señorita que me atendía si no tenía el par de zapatos en otro número que me quedara mejor. La respuesta: “No, son el último par que tenemos.” Estaba terriblemente decepcionada, pero como creo que todas las mujeres en la tierra lo han hecho alguna vez (o más de una vez), compré los zapatos sin pensarlo dos veces. Digo, ¿qué podría salir mal? Eran solamente un poco más grandes de los que me quedarían perfecto. ¡No hay problema!

Los días pasaron y el día llegó: el momento perfecto para usar mis fabulosos nuevos zapatos. Había una fiesta y el atuendo de la noche no se podría ver mejor que con mis nuevos zapatos. Me peiné, maquillé, me puse perfume por aquí, por allá. Estaba lista para irme, y lo único que faltaba era ponerme esos increíbles zapatos que acaba de comprar que ciertamente no había usado antes.

Todo iba a la perfección. Algunos tragos, buena música, una excelente compañía y lo mejor es que habían mesas (prefiero estár sentada, sorry not sorry), que evitaban que estuviera parada o caminando; mis zapatos seguían intactos. Nada se interponía entre la comodidad de mis zapatos y yo.

Cuando empecé a caminar más, mis pies parecían estarse poniendo ruidosos (ruidosos=quejándose, capisce?). Decidimos ir a un antro y un paso tras otro mis pies parecían sentirse cada vez más y más incómodos. En seguida llegando al antro me abalancé sobre el sillón más cercano a nuestra mesa. “Unos minutos nada más”, me dije a mí misma; el tiempo de irnos llegó y ahí seguía, sentada en el sillón (ya ven cómo me gusta estar sentada). Gracias zapatos nuevos.

Logré llegar al coche caminando como si una rana quisiera caminar en dos patas. Nada bonito. Nono. Cuando llegué a mi casa noté cómo mis pies estaban completamente hinchados y con alguna herida por aquí otra por allá. Desde ese día, tuve que decirle adiós a los más hermosos zapatos que había comprado. Por más que me encanten, simplemente no puedo usar estos zapatos por más de 30 minutos. Toda una tragedia.

Pero tras esta terrorífica experiencia hay una importante lección espero les pueda servir. Sin importar lo hermosos, maravillosos, con 99% de descuento que encuentren unos zapatos, NO LOS COMPREN. Fin de la historia.

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